Ya nos hemos acostumbrado a que casi todos los alimentos que compramos contengan un sinfín de “cosas” añadidas. Las etiquetas son un listado de palabras y siglas que pocos comprenden. Son los aditivos alimentarios, que la industria alimentaria utiliza para aumentar el sabor, textura, vida útil y propiedades nutricionales de los alimentos. Es la “química” de los alimentos, que muchas veces nos ayuda pero que otras tantas enmascara, como poco, lo que comemos.
Sólo las sustancias que no se consumen normalmente como un alimento en sí mismo y que no se utilizan normalmente como un ingrediente característico de la comida, se califican como aditivo.
Según el Consejo Europeo de Información Alimentaria (EUFIC), los aditivos alimentarios son sustancias que se añaden a los alimentos para servir propósitos técnicos específicos. Los aditivos se agrupan dependiendo de la función que realizan cuando se añaden a los alimentos, así existen estabilizadores, espesantes, agentes gelificantes, agentes antiaglutinantes, agentes de recubrimiento, gases de envasado o propulsores.