Tener una medida del grado de eficiencia energética del propio hogar, oficina o negocio, es fundamental a la hora de evaluar el estado en el que se encuentra el inmueble y calcular los beneficios que podrían aportar eventuales mejoras. El primer paso será obtener el certificado energético, que calcula el consumo de energía necesario para satisfacer la demanda del edificio en condiciones normales de funcionamiento y ocupación.