No basta con decir "no compro aceite de palma" para evitar que este producto esté presente en nuestro consumo. La OCDE calcula que cada ciudadano europeo consume al año 59,3 kilogramos de aceite de palma, aun cuando el consumo directo de esta grasa no es propio del continente, como si ocurre en cambio en lugares de África y Asia.
El aceite de palma se esconde bajo múltiples formas y denominaciones en numerosos productos no solo de la industria alimentaria sino también de la química, hasta el punto de que uno de cada dos productos del lineal del supermercado lo contiene de una u otra forma. Sin embargo, su consumo no es en absoluto recomendable por diversas razones, tanto de salud como de sostenibilidad medioambiental.