La novela 1984 de George Orwell relata una distopía en la que el Gran Hermano tiene un control absoluto sobre lo que hacen y dicen los ciudadanos. Salvando las distancias, los bancos y otros intermediarios también tendrán micrófonos en todas partes. Así, deberán llevar a partir de enero un registro con las conversaciones telefónicas y las comunicaciones para realizar cada operación. Aún más: tendrán que grabar también las que potencialmente puedan terminar en una operación. Es decir, casi el 100%.
Este es uno de los aspectos más controvertidos de la directiva europea para que los mercados funcionen mejor, Mifid 2, que exige un control total de qué ha dicho el cliente, cómo y en qué contexto. Las entidades se convertirán en una especie de grandes hermanos. Algunos departamentos legales llegaron a barajar la posibilidad de instalar cámaras para dejar pruebas audiovisuales. No es descartable que se llegue a este extremo, pero la trasposición no pide tanto.