La Comisión Europea quiere rebajar el consumo de acrilamida. Estudios en animales han confirmado los efectos cancerígenos de este compuesto químico que se forma durante el proceso térmico de algunos alimentos a temperaturas superiores de 120º. Se encuentra en productos de consumo habitual como patatas fritas, el café, los potitos y los cereales de los bebés. El etiquetado no informa de la concentración de acrilamida, aunque tanto la industria como el consumidor pueden tener en cuenta algunas precauciones que incluye el reglamento de la Comisión que este miércoles entra en vigor.
Poco se sabía de los efectos de la acrilamida hasta que la Universidad de Estocolmo observó en 2002 grandes concentraciones en la sangre en un grupo de población y descubrió que se debía a la dieta que llevaban ya que no estaban expuestos a sustancias químicas. Los estudios han confirmado las sospechas de los efectos cancerígenos del compuesto y las agencias de seguridad alimentaria como la europea (AFSEA) y la española (Aecosan) han comenzado a alertar sobre su consumo excesivo.