Las periódicas crisis del “cinturón del hambre” africano han permitido una visión más acertada y efectiva de la relación entre la desertificación y las actividades humanas. Independientemente de las sequías, las malas prácticas de explotación de los recursos han sido determinantes en la degradación del suelo. El proyecto de la Gran Muralla Verde de África da esperanza al Sahel, una de las zonas más vulnerables a la actual crisis climática.