No paran las estafas telefónicas: se denuncia un caso cada dos días

Fecha: 
15/08/2020

 No es novedoso el accionar de delincuentes que utilizan diversos discursos para engañar a las personas con falsos premios o supuestos pagos, con la única intención de obtener información de las víctimas y vaciar sus cuentas bancarias.

   En el contexto de la pandemia esa modalidad se exacerbó a lo largo del país, y nuestra ciudad y la zona no fueron la excepción.

   Durante los últimos 40 días, según fuentes oficiales, se recepcionó en la fiscalía bahiense un promedio de una denuncia cada dos días por un hecho de este tipo.

   Según la estadística del Ministerio Público Fiscal, durante el mes de julio se realizaron 19 presentaciones por estafas que tenían estas características, mietras que otras 4 fueron efectuadas en los primeros 10 días de agosto.

   Estos casos, según indicaron los voceros, son investigados por los fiscales Diego Conti y Marcelo Romero Jardín, quienes se encuentran al frente de las UFIJ N° 2, 7 y 8.

   A esos números hay que sumarle la cifra “negra”, de varios hechos no denunciados o tentativas abortadas. 

   “Periódicamente se informa y lleva adelante tarea preventiva, brindando una serie de consejos, pero los hechos siguen ocurriendo. Por estos días, con la gente hiperconectada por la pandemia, estos delincuentes tienen más tiempo y mayor cantidad de potenciales víctimas”, mencionó un vocero policial, consultado por “La Nueva..”

Sorteo ficticio

   Varias estrategias utilizaron los estafadores para abordar a las 23 personas que han sufrido este tipo de hechos en estos días.

   Una de ellas tiene que ver con el anuncio de un supuesto premio otorgado en un sorteo por una empresa petrolera de origen europeo.

   Uno de los damnificados contó que recibió un llamado realizado desde un número con prefijo correspondiente a Capital Federal, en el que una persona le indicó que había obtenido la suma de 200 mil pesos.

   El interlocutor (se identificó con un nombre y apellido) le refirió que para obtener el dinero debía concurrir a un cajero y realizar una transacción automática manual, exigiéndole además que no cortara la comunicación.

   Una vez que la víctima estuvo frente al aparato, esta persona le dijo que transferiría la llamada al Banco Central, para que un supuesto representante de esa entidad lo ayudara a completar la transacción.

   Allí entró en acción otro hombre, quien le indicó una serie de pasos para generar una clave token (de seguridad), la que debía proporcionarle para finalizar la operatoria.

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