La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), tras finalizar la consulta abierta en abril de 2020, ha publicado una opinión científica relativa a la evaluación de los riesgos para la salud humana y animal, relacionados con la presencia de glicoalcaloides en alimentos y piensos, concretamente en patatas y productos derivados.
Los glicoalcaloides son compuestos naturales que se encuentran en la familia de las solanáceas. Esta evaluación de riesgos se ha realizado en partes comestibles de plantas de patata y otras plantas que contienen glicoalcaloides, en particular, tomate y berenjena.
Hay diferentes tipos de glicoalcaloides, siendo los predominantes en la patata la α-solanina y α-chaconina y su concentración depende de una serie de factores, como la variedad de la patata, la madurez y varios factores ambientales. Las concentraciones de glicoalcaloides son de 3 a 10 veces más grandes en la cáscara que en el interior.
Las condiciones de almacenamiento, especialmente la luz y la temperatura, son responsables directos de un aumento de solanina, siendo la tasa de formación de glicoalcaloides en oscuridad sólo alrededor del 20% de la tasa de formación de las patatas expuestas a la luz.
En humanos, los efectos tóxicos agudos de los glicoalcaloides de la patata (α-solanina y α-chaconina) provocan síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos y diarrea por ingesta de glicoalcaloides en cantidad de 1 mg/kg de peso corporal o más.