El plástico ha invadido de forma silenciosa nuestro día a día y se ha convertido en el eje de buena parte de la actividad económica. Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que vivimos rodeados de este material procedente de la industria petroquímica, que se emplea en una amplia gama de artículos: botellas, cepillos de dientes, utensilios de cocina, carrocería de automóviles… no tendría nada de malo si no fuese porque cada año llegan al océano al menos ocho millones de toneladas de plástico procedentes de residuos mal gestionados en los cinco continentes, lo que provoca daños en la vida marina