Se suele decir que la energía que menos contamina es aquella que no se consume. Sin embargo, un país que produce también consume energía. Durante décadas, el gráfico que comparaba el producto interior bruto (PIB) y el de demanda energética dibujaba dos líneas que discurrían prácticamente parejas. A partir de 2015, las líneas se distancian y se produce más sin que ello conlleve un incremento del consumo eléctrico. Eso es eficiencia energética.