Según el último informe de la Comisión Europea, el 53% de los productos etiquetados como sostenibles en la UE carecen de pruebas verificables, y un 40% no tienen respaldo alguno, lo que refuerza la preocupación por el greenwashing (prácticas engañosas sobre sostenibilidad). Esto genera desconfianza entre los consumidores y presiona a las empresas a adoptar prácticas medioambientales genuinas para cumplir con las nuevas regulaciones de la UE, que imponen sanciones por afirmaciones no verificadas.
Además, el fenómeno del green hushing —la tendencia de las empresas a evitar comunicar sus iniciativas sostenibles por miedo a ser acusadas de greenwashing— afecta al 44% de las compañías globales, según el informe Net Zero 2024 de South Pole.