Hablar de dinero con niñas y niños puede parecer algo prematuro, pero la realidad es que desde muy pronto se toman decisiones financieras, como elegir en qué gastar la paga y cuánto meter en la hucha. Nuestras primeras experiencias con el dinero pueden moldear actitudes que van a influir en cómo manejaremos nuestros ingresos cuando seamos mayores. Por eso es importante aprender a gestionarlo bien desde la infancia, y este es uno de los objetivos de la educación financiera, con la que el Banco de España se siente muy comprometido.
¿En qué aspectos debe centrarse la educación financiera para los más pequeños? ¿Y para los más jóvenes? ¿Quién debe preocuparse de guiar a nuestros hijos en sus primeros aprendizajes? Y ¿cómo estamos en España en esta tarea?
A estas edades, la educación financiera
se ocupa de que:
La educación financiera enseña a niños y jóvenes los conceptos básicos, actitudes y hábitos que les capacitan para tomar decisiones económicas y financieras adecuadas
La educación financiera ha de estar íntimamente relacionada con la vida diaria, debe adaptarse a cada edad y situación, y enseñarse progresivamente (composición 1).
Los niños aprenden jugando, a través de la curiosidad y viviendo situaciones cotidianas. Si hablamos con ellos de dinero de forma natural, les involucramos en pequeñas tareas que implican una planificación (por ejemplo, confeccionar la lista de la compra) o les acostumbramos a fijarse metas de ahorro (para objetivos sencillos, como comprar un juguete o realizar una actividad especial), les estamos ayudando a desarrollar hábitos financieros para el futuro.
También podemos despertar ciertas actitudes, como la de gastar con prudencia o encontrar satisfacción en compartir o donar parte de sus recursos. Y cabe incluso, familiarizarles con conceptos financieros básicos, haciéndoles entender el valor del dinero.